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Recuperando el tiempo

sábado, 22 de noviembre de 2014






Dije que lo haría y lo estoy cumpliendo: he reducido el tiempo que paso revoloteando por las redes sociales. ¿Os habéis dado cuenta de lo que enganchan? ¿No? Haced la prueba. Colocad un reloj en la mesa y entrad en Facebook con la firme promesa de salir en cinco minutos. Imposible, esos cinco minutos se estiran tanto que parecen chicles Boomer. Sí, esos que iban enrollados dentro de una cajita y con una etiqueta en la que se podía leer KILOMÉTRICO.

Noticias que se teletransportan

viernes, 17 de octubre de 2014




¡Hola!

Si tardo un poco más en aparecer por aquí, habría necesitado un plumero para deshacerme de las telarañas. Con lo mono que me quedó el blog y lo que me costó arreglarlo. Lo mío no es el HTML, ¡nop!, tuve que hacerme con un montón de chuletas de corta/pega. De esas en las que te lo dan todo masticadito para que, si te equivocas, quede bien claro que eres inútil por cuestiones de ADN y no de despiste.

¡Qué semanitas más intensas! Y no lo digo por decir, no. He tenido de todo. Aunque lo que ha predominado ha sido la histeria. Crisis tras crisis. Incluso ha habido ataques colectivos. No me refiero a una pandemia globalizada por contagio empático, me refiero al contagio por solidaridad de mis amigas. Que yo grito, pues ellas también; que me agobio, pues no se quedan atrás; que llegan motivos por los que alegrarse, pues se saca la caja de pañuelos y a dar saltitos. Y la verdad es que se agradece.




 ¡¿Qué haría sin vosotras, chicas?! 



Una de las cosas más interesantes que he descubierto en este tiempo, es que esa frase hecha de que «las noticias vuelan» es una mentira de tamaño Diplodocus. Comprobado, no vuelan, en realidad se teletransportan, que es más rápido. Los caminos de los cotilleos son inescrutables y misteriosos. Y hablo con conocimiento de causa, que esta última semana me la he pasado confirmando, desmintiendo y aclarando uno muy particular.

Y ahora os estaréis preguntando que de qué hablo, o no, porque como ya decía, las noticias se teletransportan. Y mejor lo cuento por aquí y me ahorro estar contando lo mismo una y otra vez.

Pues sí, la semana pasada se cerró una etapa de mi vida literaria. Muchos sabéis que hace unos años, cuando la única que sabía que escribía era mi madre, le eché valor y contacté con una agencia literaria de las GRANDES (Antonia Kerrigan). Tuve suerte y en apenas quince días estaba firmando un contrato de representación. Ese gran paso se lo debo a Lola Gulias, ella fue quien leyó aquel despropósito de propuesta y la que vio ese algo que la animó a darme una oportunidad. Hace casi un año, dimos otro gran paso juntas: Lola montó su propia agencia y yo la seguí sin pensármelo dos veces.

Pero la vida es caprichosa y el mundo literario lo es más, y Lola ha decidido dar otro paso en otra dirección. Hay que probar cosas nuevas y experimentar, y una gran editorial acaba de ampliar su plantilla con la que va a ser una de las mejores editoras de ficción que podáis imaginar, ¿que no? Tiempo al tiempo.

Evidentemente, esta decisión ha tenido una consecuencia: el cierre de la agencia y mi orfandad. Una orfandad por decisión propia, todo hay que decirlo. Para mi propia sorpresa, apenas dos días después de saber que Lola cerraba, recibí un par de ofertas de representación (noticias que se teletransportan, lo vais pillando), que me hicieron darme cuenta de que soy una persona afortunada en un momento difícil, como es esta crisis editorial, y que hay personas que confían en mí.
De momento no he aceptado ninguna. Creo que yo también quiero dar otro paso hacia otro camino y probar cosas nuevas. ¿Qué cosas? Eso os lo contaré más adelante. ¡Planes!

¿Y ahora qué? Pues no lo sé, pero en algún lugar debo tener un hada madrina, o puede que varias, porque el futuro inmediato empieza a pintarse de rosa. Tengo noticias, noticias muy buenas que puede que tarde en contaros, pero que me tienen dando botes desde hace días y que compensan todo el esfuerzo, el trabajo, los malos tragos y la soledad de este trabajo. Porque es un trabajo, que requiere muchas horas, dedicación y sacrificio; y el que diga lo contrario es que no tiene ni idea de lo que significa escribir un libro. Y cuando digo escribir, me refiero a ESCRIBIR de verdad, dándolo todo en todos los sentidos.



En este momento me siento como si estuviera subida en una montaña rusa. Así que, espero que los frentes abiertos que quedan se vayan definiendo para poder tomar decisiones e ir cerrando cosas, y centrarme solo en escribir. ¡Si supierais la cantidad de ideas que estoy teniendo! Se me acumulan, me entran las prisas y empiezo a dudar. ¿Debería aparcar el proyecto A y comenzar el B? ¿Intento escribir los dos al mismo tiempo? ¿Paranormal o contemporáneo? ¡Ay!!





¡Qué le voy a hacer, defectos que tiene una!



María

Estaba pensando...

jueves, 14 de agosto de 2014



 Estos días me siento un poco rara. Tengo una sensación extraña, creo que se llama «no hacer nada». Lo entrecomillo porque no es en sentido literal. En realidad no paro quieta ni un segundo, estoy leyendo mucho, dedico un montón de tiempo a mi familia y he recuperado mi afición a las chapuzas: arreglar puertas que chirrían, cambiar bombillas que llevan meses fundidas, mover muebles, colgar cuadros cansados de arrastrarse por el suelo… También estoy escribiendo.

Lo que quiero decir es que ya no tengo esa ansiedad que se había convertido en algo habitual en mi día a día durante estos últimos dos años. Dos años en los que he escrito cuatro novelas, tres de ellas en apenas un año y medio: El encanto del cuervo, Juego de ángeles, CLL y UCPN. Sentía una angustia terrible por no haber acabado la trilogía, así que, mientras trabajaba en los otros manuscritos, siempre tenía esa sensación de no estar haciendo lo que debía con tanta gente esperando el libro.

Ahora me está costando habituarme a que no hay prisa, a que no hay nadie esperando que termine esto o lo otro; y se hace raro.
Y como decía, estoy leyendo mucho. 
Estos días he terminado dos libros que me han hecho pensar en varias cosas, entre ellas, cómo vivo yo la lectura y cómo la percibo en otras personas, y he llegado a la conclusión de que, o soy poco exigente y todo me vale, o soy rara por naturaleza; en esta faceta, porque en otras ya tengo asumido que lo soy.

Pues eso, que he acabado dos libros con un parecido peculiar y voy a tratar de explicar mis conclusiones, porque escribir novelas y construir tramas más o menos complicadas me resulta fácil, pero luego soy incapaz de aclararme y exponer, con algo de sentido, mis propios pensamientos.

Dos autores muy diferentes entre sí, y dos novelas también muy distintas entre sí, pero con elementos en común. En ambas hay una mujer que huye de un marido violento, refugiándose en un pueblecito perdido donde cree que no podrá encontrarla. Allí logra relajarse y tener una nueva vida, en la que aprenderá que en el amor no hay golpes, ni insultos, y que puede ser hermoso y placentero hasta ver unicornios y chiribitas de colores.

Hoy, perdiendo el tiempo frente a la tele, he encontrado una película que vi hace muchos años. En la cinta hay dos hermanas, y una de ellas regresa a casa después de varios años, huyendo de su novio maltratador. ¡Vaya coincidencia!, en una de las novelas las protagonistas también son hermanas. Seguro que, si me paro a pensar un poco, acabaré dando con algún otro libro, serie o película en los que encuentre estas similitudes u otras diferentes. 


En este punto de la explicación, ya estoy oyendo vocecitas que hablan de tópicos, estereotipos, poca originalidad… Hachazos, sablazos, puyas, críticas a diestro y siniestro contra creador y creación. Lo siento, yo soy incapaz de pensar así de ninguna novela; de momento.

Mi percepción es distinta. No digo que un escritor no se inspiré en los trabajos de otros para escribir, yo soy un ejemplo con mi primera novela. Tampoco digo que no coja elementos de esos trabajos y los adapte a los suyos. Lo que sí digo, es que NO siempre lo hace, y que su inspiración viene de otro sitio mucho más cercano. Señoras y señores, me refiero al mundo que nos rodea y a nuestra propia imaginación condicionada por un millón de estímulos auditivos y visuales. Información que nuestra mente almacena  desde que nacemos y que se repite de mil modos diferentes.

Tres historias y una fórmula que se repite en todas. Mire como lo mire, yo no veo un tópico, ni un estereotipo, ni falta de originalidad. Tampoco encuentro una conexión entre las obras que indique un «se han copiado descaradamente». Lo que sí veo es un drama real conocido por todos que, por desgracia, algunos habrán vivido directa o indirectamente, y que con la cantidad de escritores que hay en el mundo y el número de novelas que se publican, es normal que dichas fórmulas se repitan en algunos casos.

Es cierto que con las modas y demás, acusemos mucho más el que algunos elementos se clonen a menudo: los chicos malos, las chicas un poco bobas, la heroína autosuficiente que se acaba quedando con el chico equivocado porque un final feliz es injustificable.

Millones de escritores, millones de libros, millones de vidas tan parecidas y que acaban sirviendo de inspiración.

¿Se puede ser original? Sí, es posible, aunque un poco difícil a estas alturas. Y en esas obras que logren serlo, seguro que, si miramos con lupa, encontraremos algo que ya hemos leído o visto en algún otro lugar. Otro personaje, otra época, otro argumento, pero la base puede reproducirse en algún momento.

¿Un chico malo es un cliché, un estereotipo, un tópico? Puede que sí. O quizá lo sea, sin peros, es y ya está. Pero mis ojos no logran verlo de ese modo. He leído muchas novelas con chicos malos, en ellas se reiteran ciertas fórmulas, y no lo considero algo negativo. Es más, ni siquiera me fijo en ello, porque, cuando leo, me meto en la historia de tal modo que no me paro a escudriñar. Travis es Travis, y no Beau, ni Lucas. Katniss no es Tris, ni Teresa. Todas las sombras se parecen en la penumbra, bajo el sol es imposible confundirse.

La primera vez que vi Grease, no lo hice pensando que se parecía a West Side Story, ni mucho menos a Footloose. Chicos malos, buenas chicas, canciones y coreografías. Sí, tienen una base en común, pero ¿de verdad se parecen?
Probablemente esté equivocada, pero es mi punto de vista en este momento. Quizá, influya que este tema me afecta directamente por mi trabajo, y no solo como lectora. Con una de mis novelas me está pasando. Algunas personas consideran que en El encanto del cuervo, la relación de Abby y Nathan surge de forma repentina (la precipitación es otro tópico), y yo sigo sin verla así.




…ATENCIÓN, SPOILER, DE LOS GRANDES, ENORME… 
Si no has leído El encanto del cuervo, no sigas.


Los detalles marcan las diferencias y, quizá muchas veces, al ir ya predispuestos por el cliché, no apreciamos esos detalles. O puede que solo yo sea consciente de ellos, porque son míos. En el caso concreto de Abby y Nathan, no creo que esa relación sea repentina. «Un vistazo y me enamoro hasta las trancas». En un principio la historia lo plantea así, pero cuando se avanza y descubres quiénes son en realidad, de que forma están unidos, te das cuenta de que esos sentimientos llevan ahí siglos. Aunque sus mentes no lo recuerden, sus corazones y sus instintos sí lo hacen.
Nathan así lo comenta en una escena:



«He hecho todo lo que he podido para alejarme de ella, todo, pero desde que la vi por primera vez se metió en mi cabeza. Fue extraño porque tuve la sensación de que había encontrado algo muy valioso que había perdido  y que ni yo mismo conseguía recordar.»   –Nathan Hale



Tampoco creo que exista un triángulo amoroso (otro tópico). Entre Abby y Damien nunca pasa nada, es más, ella no vacila ni duda en ningún momento, nunca se plantea algo más que una amistad con él. No hay sentimientos que indiquen un juego a dos bandas; pero… puede que solo sea mi percepción, mi minuciosidad con los detalles que marcan diferencias y convierten en especial lo que no lo parece a simple vista.






Un saludo.







A otra cosa mariposa

viernes, 25 de julio de 2014





«Son las siete y media de la mañana y aún no me he acostado, pero no podía irme a dormir sin saber cómo acababa la novela. Estoy llorando a lágrima viva y mi marido me está mirando como si me hubiera vuelto loca. Pero es que el final es tan...». 
Este es uno de los párrafos del primer email que he recibido de una lectora de Juego de ángeles. Después de leerlo, a la que le ha dado por llorar ha sido a mí. Creo que estoy con depresión post trilogía. Después de casi cinco años conviviendo con William, Kate, Adrien... dejarlos descansar me está dando pena; y eso que tenía unas ganas locas de acabarla. Por suerte, comentarios como el de esta chica lo compensan todo.

Muchos ya lo sabréis, para los que no deciros que Juego de Ángeles ya está a la venta. Se encuentra disponible en todas las plataformas de Amazon, e irá apareciendo en el resto de librerías online como Corte Inglés, Fnac, Casa del libro, iBooks... 
Verlo publicado fue un subidón de adrenalina. Que apenas doce horas después alcanzara el primer puesto en las listas de juvenil, y que aún siga ahí, es un sueño.

AVISO. A partir de este punto voy a soltar un spoiler tras otro de las anteriores novelas. Así que, si no las habéis leído, si tenéis intención de hacerlo y no queréis fastidiar la lectura antes de empezar... NO SIGAIS LEYENDO.

Os dejo los primeros capítulos. 






¿Y qué vais a encontrar a partir de aquí? Me atrevería a decir que una historia un poco más oscura y adulta que las anteriores. Tanto en las relaciones entre los personajes como la trama que los conduce sin frenos hasta un final que espero cumpla todas vuestras expectativas.




El clan vampiro sigue siendo uno de los pilares importantes de esta historia. En Profecía, los vampiros se liberaron de su maldición y ahora son inmunes al sol, su única debilidad ha desaparecido. Pero una preocupación mayor puede empañar esa liberación: los cientos de renegados que hasta ahora se han escondido de los humanos y que podrían salir de su encierro para tomar lo que creen que les pertenece.






Los Solomon... Sé que alguno de ellos está entre vuestros preferidos. Y esta historia estaría incompleta sin su presencia. Shane y Marie iniciaron una peculiar historia de amor. Evan y Jill se unieron en un precipitado e impulsivo matrimonio... ¿y ahora? 





Los ángeles hicieron su aparición. Dos bandos enfrentados desde el principio de los tiempo. Luchando entre sí para dominar un mundo que ansían más que nada. Unos quieren protegerlo, otros asolarlo, ¿y quiénes estarán en medio? 






Adrien (suspiros) fue uno de esos personajes que no supe lo importante que iba a ser hasta que comencé a escribir sobre él. Acabó enamorando a muchos lectores. Si formáis parte de ese grupo, id sacando los baberos.





Kate y William...
Esto vais a tener que descubrirlo vosotros. Pero lo pedían a gritos.







Y por último, lo más importante, gracias a todos los que habéis seguido esta saga. Sin vosotros no habría sido posible. Sé que no la habría terminado sin todo el cariño, el apoyo y la paciencia que me habéis demostrado. 



Y para celebrarlo, regreso de cabeza a mi rinconcito para hacer lo que más me gusta...



¡Crear nuevas historias!





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